jueves, 17 de octubre de 2013

Miyavi x Kai: Como comienza, con una sonrisa.

Aún siento el roce de mi compañero, una frase bastante vulgar para nombrar lo apasionado que fue, sentí como lujuria se apoderaba de mí. ¿Será un sentimiento más allá de una relación pasajera? Lo puedo afirmar, estoy seguro, reitero. Describiré físicamente a él, alto aunque no más que mi estatura. Delgado pero aún así con un físico encantador, su sonrisa es perfecta, como nunca la había visto. Pensé una vez en mi vida que aquella sonrisa de Melody me descolocaba, pero no, estoy 100% seguro que la de él es la más hermosa, no es su hermosa dentadura, si no lo que transmite, lo que puedo llegar a sentir tan solo mirando sus ojos, sintiendo de corazón que este sentimiento es correspondido. Son tantas formas en las que puedo describir su persona, me faltarían horas, siglos y más. Al parecer soy vulgar, como cualquier humano a no usar las palabras correctas que están en mi corazón, desearía escribirle poemas, cartas, canciones. Pero, lamentablemente él no tiene absoluta sospecha de mi sentimiento, puedo parecer el mejor amigo frente a él… Siempre me responde con una calida y como dije, hermosa sonrisa. Frecuentemente es “Bravo Miyavi –sonríe- sigue así, tu puedes llegar a ser el mejor guitarrista samurái, Yeih! –diciendo la ultima palabra alza su puño orgulloso-“. Suspiro cuantas veces sea necesario para expresar lo que siento, pienso, pero lamentable, aun no llego al “Actúo” ¿Cuánto tiempo más tendré que esperar? ¿Por qué me cuesta tanto decirle “Me gustas”? es una frase que usualmente he usado, con muchas personas, pero esta vez es diferente, más fuerte que cuando pedí la mano de Melody, aquella chica que aún hace que mi corazón palpite, pero no con furia como lo hace él. ¿Aún no sabes de quién estoy hablando mi fiel lector? Pues es Uke Yutaka, más conocido como Kai, no puedo, intento no sonreír al pronunciar su nombre, se dibuja una sonrisa algo exagerada pero con una balada de sentimientos que no puedo controlar.-

Sin pensar, el Samurai guitarrista como así se apodaba, caminó en dirección aquel sujeto que provocaba su corazón latiera con tal furia perdiendo la noción del tiempo. Cada vez estaba más cerca, no lo creía su mirada expresaba seguridad ante ese pensamiento que lo atormentaba día a día. Al posar su mano delicadamente en su hombro, lo miró fijamente a los ojos. El contrario quería saber lo que sucedía, lo expresaba en su mirada. La pareja quedó varios segundos observándose fijamente, hasta que Samurai azotó el silencio susurrando a su oído –Sé que sonará descabellado, quizás no correspondas, pensarás que soy un inmaduro, pero eso es lo que hace volverme loco, loco por ti, somos amigos, pero eso no quiere decir que ansié tu corazón que me ames como nadie te ha amado nunca, lucharé por tu amor, que tu llegues a amarme tanto como yo te amo a ti-. Kai, con sus ojos abiertos como nunca, su pupila dilatada, el color de sus ojos cambió notoriamente a un miel, un dulce y acogedor color. Miyavi se alejó de su oído y volvió a repetir su acción, se miraron fijamente por alrededor de 3 segundos y Kai acarició su mejilla, sin importar las personas que estaban a su alrededor lo besó, como nunca, sin pensar, analizar las palabras tan bellas que le había susurrado a su oído hace un minuto. El beso fue cálido, lento pero apasionado, los dos al sentir el roce delicado de sus lenguas su corazón en el máximo éxtasis completó la acción besando la comisura de su labio inferior. Al separarse nadie creía lo que había sucedido, aquellos mejores amigos besándose con tan pasión al punto de causar envidia, las miradas no importaban, para ellos lo que más importaba en ese momento saber quien rompería el silencio, quien otorgaría dicho trono después de ese beso que marcaría la historia entre ellos dos. Su voz temblaba, intentó reiteradas veces sostener la mirada a Miyavi pero le era imposible, por causa de su timidez sus mejillas se sonrojaron. Miyavi notando aquel rubor acarició su mejilla, sintiendo como su corazón latía con más fuerza y frecuencia al ritmo de cada caricia que le otorgaba a Kai. No habían palabras exactas y ansias de hablar, sólo deseaban mirar sus facciones, sus expresiones y lo que les hacían sentir. Miyavi se perdía en su mirada, lo llevaba a otro mundo perfecto, donde lo único que importaba era el sujeto el cual amaba, deseaba abrazarlo con fuerza, una balada de sentimientos. Sentía aún el roce de sus labios contra los de él, suspiró, transmitiendo su lujuria a todo su alrededor. Sin más tomó el brazo de Kai con delicadeza y lo llevó donde nunca lo esperaría, caminó en una velocidad avanzada a su carro, le abrió la puerta, Kai dudando pensó demasiadas alternativas en ese momento dejó que su corazón decidiera, conectándose con su cuerpo subió al carro. Miyavi girando rápidamente para subir a su puesto, cerró la puerta sin más, y al tomar conciencia de sus actos habló –Kai, yo no te subí a este carro para que vayamos a un lugar en especial y rompernos de una forma descabellada, yo quiero hablar contigo, dime porque me besaste, no perdón esas no son las palabras correctas- Dejó caer su cabeza hacía atrás quedando firme apollado en aquel asiento pensando cuales son las palabras adecuadas para que no lo mal entendiera, suspiró, volviendo a ejercitar los musculos de su lengua al hablar- Disculpa por lo vulgar que soy –Enarcó una ceja negando con un leve movimiento con su cabeza, miró al sujeto estaba ausente, ido. Miyavi acercó su mano para tomar con delicadeza el mentón de Kai, girando así su cabeza, logrando que sus miradas choquen nuevamente- Te amo, me gustas, no necesito saber el porque me besaste, quiero saber tus sentimientos, lo que está en tu corazón –Al pronunciar aquel órgano miró su torso durante una milésima de segundo volviendo a sus ojos, sorprendido con el tamaño de sus pupilas- Por favor, no pido que me hables ahora, daré unos segundos para que pienses, y aclares tus dudas –Besó su frente con tan delicadeza que Kai suspiró y volvió a repetir su posición anterior, miró sus pies durante varios minutos, sin hallar respuesta, no sabía que quería, porque lo hizo, pero su corazón comunicaba que estaba en lo correcto, que correspondiera a sus actos. Se sintió un adolecente, nunca le había sucedido tal confusión, nunca meditó tanto el gusto de alguien, siempre podía afirmar al instante un “No me gustas” pero esta vez era diferente, no sabía si realmente le gustaba o lo quería como amigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario